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domingo, 7 de mayo de 2017

La parábola del buen sevillista.

«Jugaba un equipo de Sevilla en el barrio de Nervión, y estando en plena competición donde todo era ilusión, la historia cambió, las victorias se convirtieron en derrotas y comenzaron a golpearles  desde distintos sectores quedando en una difícil situación, entonces, en ese momento de necesidad. Casualmente, merodeaba por aquel entorno un director deportivo que, al verlo, dio un rodeo y se marchó sin pensar si era el momento adecuado de abandonar la nave. De igual modo, un entrenador que era dueño del banquillo se descentró oyendo los cantos de sirenas que provenían de su tierra y cambio el discurso del "no escucho y sigo" por otro donde nada le importó lo que se jugaba en el Sánchez Pizjuán. Pero entonces apareció ese desconocido que no falla nunca ocupando siempre su asiento en la vieja grada y llegando junto a él, y al verlo tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus cortes, derramando en ellos ese ungüento que siempre ha llevado y ha curado heridas difíciles de sanar en tiempos pasados; y montándolo sobre sus espaldas, lo llevó a la posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando parte de su sentimiento sevillista, se los dio al posadero y le dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva." ¿Quién de estos tres te parece que fue el verdadero sevillista

El doctor dijo: «El que practicó y demostró su amor a un escudo sin recibir dinero a cambio y no lo dejo tirado en el camino.»

Díjole: «Vete y haz tú lo mismo.»

Hoy quiero ser claro con estas líneas que escribo desde el desencanto, no entiendo como se ha dejado torcer una temporada que pintaba muy bien. Un grupo tiene la necesidad siempre de un líder que no debe flaquear, que sea capaz de poner firme a aquellas personas que pierden el rumbo dejando de pensar en el proyecto para soñar con retos nuevos cuando todavía no se ha culminado el actual. No es conveniente mirar al futuro sin finiquitar el presente. El problema surge cuando el profesional encargado de llamar al orden a su subordinado está pasando por la misma situación, y además,  vive en la incertidumbre de encontrar la forma de decir adiós sin perder su estatus y seguir siendo aquel que se parte el pecho por su escudo. Tus lágrimas te delataron al finalizar el partido de Leicester sabías que te metías en una situación farragosa, aunque, la salida ha sido perfecta porque cuentas con buena prensa y ese problema lo tenías solventado.

El momento de la marcha no ha sido el más adecuado, te pasó igual que a Juande Ramos cuando te dieron un ultimátum ahora o nunca porque hay que preparar una temporada y planificarla y esos pasos no se pueden iniciar a final de mayo. Cuando en junio del año pasado decidiste que esta temporada seguirías siendo mi director deportivo, como profesional tenías la obligación de acabar la campaña, sino lo tuviste fácil tu libertad eran 5 millones. Los jugadores no son ajenos y se ven afectados por las circunstancias que los envuelven y desde los rumores de tu marcha a la Roma y la salida de Sampaoli no hemos dado pié con bola, pero además saliste al campo a despedirte en olor de multitud y esa ha sido la última equivocación porque en ese momento después del ridículo de Barcelona, que lo viví en aquella grada del Nou Camp, no era lo mejor.

En este blog te he aplaudido, no dudes de mi respeto como el gran profesional que has sido en el Sevilla FC y reconozco tu gran valía pero mi miedo se ha hecho realidad y no has sabido decir adiós porque un día te dije desde este lugar que la dualidad no era buena compañera de viaje y siendo un profesional no podías hablar como un aficionado, el tiempo me ha dado la razón y me duele pero tú has querido escribir de esta forma el último capítulo de tu trayectoria en la entidad como trabajador. Por lo tanto, te considero responsable de este final de temporada al igual que el entrenador y te llamo al orden aunque el periodismo sevillano siga teniendo la pluma guardada para contar ciertas cosas y callar parte de la verdadera crítica.

Del otro culpable me da igual porque tengo claro que ni es ni será nunca sevillista por lo tanto ya le he dicho bastante en el inicio del artículo.

Por lo tanto, yo me quedo con el verdadero sevillista el que se sienta a mi lado en la grada de Nervión, ese que nunca falla y cuando ha vuelto la unión nos ha servido para salvar una temporada que pintaba mal. Como buen aficionado al carnaval te recuerdo un episodio y espero haber llegado con mi daga a tu corazón igual que Tino Tovar alcanzó el de Martínez Ares en el 2010 con Volver a Empezar.