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lunes, 27 de febrero de 2017

Diez años, una década de superioridad.

La capital Hispalense ha vivido este fin de semana, el partido de la máxima, ese que los sevillistas con la boca chica decimos que ya ha perdido el interés, porque en el barrio de Heliópolis no se juega la misma liga que en la otra parte de la ciudad, que para ellos es el partido más transcendental de la temporada y para nosotros otro más. Sin embargo, para mí estas premisas no tienen valor, de niño me inculcaron que estos duelos se disputaban a muerte y cuanto mayor sea el botín logrado mejor, que al guerrero contrario no se le podían dar ventajas y que el Rey San Fernando no debía pedir clemencia frente a las huestes de las trece barras. El Sevilla FC, en estos momentos, es Goliat y hay que luchar contra la historia para no permitir que David vuelva a vencer, derrotando al gigante del balompié sevillano.

Hoy, en los bares, en los trabajos y en las tertulias de amigos, no hay discusión posible, la superioridad existente entre las dos entidades eclipsa cualquier conato de intentar suavizar la derrota apoyándose en un error arbitral. El beticismo con su silencio claudicó de nuevo, lo malo no es ser inferior sino asumirlo y en el Benito Villamarín lo han aceptado, esto es lo más duro para los parroquianos del lugar. El Sevilla FC en los momentos de penuria nunca se creyó un secundario y en la debilidad jamás fue sometido, Caparros era capaz de motivar a los suyos, superar las adversidades y salir triunfante en la mayoría de los encuentros, llegando a minimizar la distancia existente. Posteriormente, con Juande se inició este periodo de dominación total.

Mañana, es martes, 28 de febrero y hace una década de la  vuelta de la eliminatoria de Copa del Rey, han pasado diez año desde aquel 2007, cuando el campeón de la UEFA visitaba el Ruiz de Lopera y en ese preciso instante comenzó la leyenda. Esa fue la primera vez que yo vi la cara de miedo en el aficionado bético, bastaba con mirarlo para tener la certeza que esa disputa caería del lado rojo. Puede que para muchos ese encuentro sea el del busto o el del botellazo pero para mí, siempre será el punto de inflexión donde el Real Betis Balompié admitió que desde ese minuto Sevilla tenía un claro dominador y su cuartel estaba en Nervión.